sábado, 27 de agosto de 2016

Siglo XX - Tomie Ohtake

                  Breve Biografía de Tomie Ohtake

Tomie Nakakubo nació en 1913 en Kyoto, Japón. Pintora y escultora japonesa naturalizada brasileña.

Hija menor y única mujer entre seis hermanos, Tomie nació en una próspera familia; recibió la educación tradicional de las niñas japonesas: ser una verdadera ama de casa, aunque su mayor interés era dibujar y pintar. Ser mujer en la sociedad japonesa, muy machista y conservadora, junto a la rígida educación de su madre hacía que Tomie se sintiera oprimida y no tuviera voluntad propia. 

En 1936, a los 23 años, viajó a Brasil a visitar a su hermano Masutaro que era dueño de un laboratorio de medicamentos en San Pablo; la segunda guerra chino- japonesa (1937-1945) estalló en Asia, por lo que no pudo regresar a su país. En 1937 se casó con el agrónomo japonés Ushio Ohtake con el que tuvo dos hijos. Tomie se dedicó a su casa y a sus hijos, que recibieron educaron en escuelas de San Pablo, sin ninguna conexión con la comunidad japonesa. 

En 1952, con casi 40 años, recibió unas pocas lecciones de pintura del artista Keisuke Sugano. Un año más tarde se unió al Grupo Seibi, cuya finalidad era apoyar a los inmigrantes japoneses y difundir la cultura y el trabajo artístico de esta comunidad. Tomie siguió estudiando de forma autodidacta y se volcó en su propio estilo, primero con un trabajo figurativo y más tarde, por el arte abstracto. Realizó en 1957 su primera exposición individual en el Museo de Arte Moderno de San Pablo (MAM), recibiendo muy buenos elogios.

Acrílico sobre tela
En 1960 se separó de Ushio quien se mudó a Río de Janeiro, muriendo en la década de 1970. Tomie se entregó de lleno a la pintura y a finales de la década de 1960 ya estaba considerada una artista muy importante: dinámica, con gran creatividad desarrolló su carrera con mucha disciplina, trabajo duro y meditación. En 1968 obtuvo la ciudadanía brasileña para poder representar a Brasil en 1972 en la Bienal de Venecia de Arte. 

En su productiva trayectoria exploró diferentes maneras de expresar el arte: colores fuertes, figuras geométricas, dinamismo de las curvas, elementos como ríos y montañas, siempre transmitiendo una gran energía creativa. En sus pinturas aparece el círculo, como el ideal de la perfección ya que en la caligrafía japonesa simboliza la iluminación, la elegancia, el Universo y el Vacío. Más tarde se dedicó a trabajar en serigrafías, grabados en metal y litografías

Escultura en Tokio
En 1983 realizó su primera retrospectiva en el Museo de Arte de San Pablo siendo un éxito de público y crítica. En esta década se destacó por sus esculturas en grandes espacios públicos: en San Pablo, Río de Janeiro y Tokio (Japón). Ha realizado numerosas exposiciones individuales y casi 400 colectivas; expuso sus obras en Estados Unidos, Puerto Rico, Italia, Inglaterra, Argentina, Perú, Japón. Por su consagrada carrera está considerada “la Gran Dama del Arte Brasileño”;  ha recibido más de treinta premios entre ellos Mención de Honor Premio Leirner de Arte Contemporáneo (1959), Gran Medalla de oro en el XI Salón Paulista de Arte Moderno (1962), Premio Nacional de Artes Plásticas del Ministerio de Cultura (1995), Premio Orden del Mérito Cultural (2013)
100 años de la Inmigración
japonesa en Brasil 
A finales de 2001 se inauguró en San Pablo el Instituto Tomie Ohtake; este centro cultural fue fundado y dirigido por su hijo Ricardo con el objetivo de no sólo honrar a su madre, también de realizar exposiciones internacionales de artes plásticas. 

Esta gran artista plástica, ejemplo de labor incansable, ya centenaria (vivió setenta y ocho en Brasil), siguió activa con sus obras, inaugurando muestras y exposiciones. En febrero de 2015 a los 101 años de edad murió Tomie Ohtake en San Pablo.



Fuentes y Bibliografia

viernes, 12 de agosto de 2016

Siglo XIX - Carolina Otero

        Breve Biografía de Carolina Otero

Carolina Otero nació en 1868 en la provincia de Pontevedra, Galicia, España. Bailarina, actriz, cantante y cortesana de la Belle Époque francesa.

Su nombre completo era Agustina Carolina Otero Iglesias, hija de madre soltera muy pobre, recibió poca educación académica. De carácter alegre e independiente, pasó una infancia de extrema pobreza; luego de sufrir una agresión sexual, a los catorce años huyó de su casa y viajó a Lisboa, Portugal, donde comenzó a trabajar de bailarina. De Lisboa pasó a Barcelona, luego a Marsella, en la costa sur de Francia  y por último en 1889, con 21 años, llegó a París. 

En las dos últimas décadas del siglo XIX y principios del XX, Europa vivía la llamada Belle Époque, había una transformación económica, industrial y social. En las grandes ciudades la clase obrera industrial y los profesionales lograron estabilidad económica. París era el centro del refinamiento artístico y cultural: en 1900 la capital de Francia, fue sede de una espectacular Exposición Universal que promovía el progreso científico. La Belle Époque francesa se caracterizó por la elegancia en el vestir, por la alegría de vivir y disfrutar del ocio en sus cabarets como el “Chat Noir”, “Folies Bergère” y ”Moulin Rouge” todos en la zona de Montmartre.

Fue en este París que llegó la joven Carolina con su alegría y su belleza; formó parte del elenco de bailarinas del “Folies Bergère” donde representó el papel de una exótica mujer andaluza y gitana, a pesar de ser gallega. Se convirtió pronto en ”La Bella Otero” y fue el sex-simbol de la “Belle Époque”. Su audacia y tenacidad, junto al movimiento de su cuerpo, su danza que era una mezcla de flamenco y fandango (=baile con castañuelas), llena de erotismo, la convirtieron en una bailarina excepcional. También se destacó como una cantante competente y actriz teatral. Carolina actuó durante muchos años en el Folies Bergère y logró fama internacional en sus giras por Rusia, Inglaterra, Hungría, Austria, Japón, Argentina, Uruguay, Estados Unidos.  

La Bella Otero además fue una famosa y muy cotizada cortesana de la alta sociedad parisina. Su gran personalidad y talento despertaron fuertes pasiones entre los hombres; fue amante de monarcas, aristócratas europeos, banqueros, poetas, pintores y políticos que se rindieron ante su belleza y seducción: fue así que reunió una fabulosa fortuna y joyas de gran valor. 

En 1913, a los 45 años, estando en pleno auge artístico, tras un accidente de coche, La Bella Otero se retiró de su profesión y se mudó a Niza, en la costa mediterránea francesa. Allí se dedicó a las obras de caridad y a disfrutar de su gran pasión: el juego. En el casino de Montecarlo dilapidó su gran fortuna; años después, vivió con una pequeña pensión que le entregaba el casino, por las ganancias que le había hecho ganar. 

Carolina Otero murió en 1965 en Niza, a los 96 años, pobre y olvidada.

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